Al final tomé
el corazón entre las manos.
Pensé:
Para qué seguir guardándolo.
Para qué seguir amando.
Para qué seguir...
Si tú no quieres estar a mi lado.
Quise deshacerme de él
cual poeta herido
se deshace de lo dolido.
Miré su color carmesí.
Sus latidos marcaban
los últimos pasos de mi humanidad.
Pensé:
Para qué seguir guardándolo.
Para qué seguir amando.
Para qué seguir...
Si tú no quieres estar conmigo.
El frío abrió la noche.
Tu espíritu desapareció
entre una rosa muerta
y un horizonte desdibujado.
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