El corazón escapa desde mi pecho desierto y te sigue.
Lo llamo desde la vereda del silencio, pero sigue.
Te persigue.
Tú no lo miras.
Vas confundida entre la gente.
Intenta tocar tus pupilas y no lo entiendes.
Mueves las manos y otros corazones
se enamoran de ti y de tus fábulas amarillas.
Mi corazón no retrocede.
Te sigue.
Te persigue.
Yo al otro lado de la vereda miro con asombro tu indiferencia.
Él construye telarañas para poder atraparte.
Tú cierras los ojos y siempre huyes.
Tú solo escuchas pasos de otros corazones.
Te recita su sangre.
Te mira con ojos de enamorado.
Te confundes más aún entre toda esta gente.
Nadie más ve mi corazón arrojar dulce rimas hacia tu alma.
Poco a poco va perdiendo la fe.
Me mira con ojos de muerte.
Le grito que habrá más como tú.
Me mira con oscuridad.
No quiere regresar.
Lo llamo con voz incalculable y al final se sienta en una banca
derramando lágrimas de sangre.
Deseo matarte.
Tú no apareces.
Te llevas otro color quizás un corazón más fuerte.
Me acerco a mi corazón.
No me escucha y me aparta.
Duele mi alma.
Me voy solitario.
Lo dejo refugiado en el frío.
Quizás alguien lo encuentre.
El sol baja el telón y otras letras empiezan a hablar lentamente.
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