Ayer dejé cenizas sobre tu interior.
El viento tomo por sorpresa la razón.
Se llevo consigo un trozo de mi alma
y en su lugar me dejó un corazón sin latidos.
Ayer dejé mis alas sobre el sol.
Tú tomaste mis lágrimas.
Tú buscaste mi sombra y mi razón.
El sol te miró de pronto
y en tus pupilas se vino a esconder una flor.
Ayer dejé sobre tu cuerpo
montones de caricias del alma mía.
Con ojos de poesía primaria
dejaste escapar mariposas negras…
Ellas vinieron a dormir en mis deseos más intensos.
Ayer dejé sobre tu alcoba
retazos de vida pasada.
Una sinuosa esperanza
se robó la mágica simetría de mi tiempo.
Ayer miré atrás del sol.
Sentí perder la locura.
Sentí vértigo y vacío.
Me vestí de una amarga cordura.
Ayer cultivé por todos lados
negras apologías.
Hoy cosecho pétalos oscuros
con una inmensa agonía.
Poco a poco se apaga el destino.
Me voy con mis ayeres…
Te dejo el sol.
Te dejo mis lágrimas.
Te dejo todo.
A cambio te pido
un corazón de sal
y una estrella de madera sencilla.
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