domingo, 6 de septiembre de 2009

Veintiocho.

Tu cuerpo es un poema incandescente.

Tu cabello es un anónimo cordel

que pende desde el cielo.

Mis manos transformadas en artistas

intentan esconder en tu belleza

las estrellas que me gritan.

Te pienso mía y estallo en locuras.

Se dispara el tiempo.

Cae el último grano de arena.

Un beso de fuego cierra mis labios.

Te vas con la noche murmurando

tu canción de estrella viajera.

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