Mis olas las reventé en el sol de su rincón.
Le recité la poesía de mi inmenso corazón
en una tarde crepuscular con deseos marinos.
En su cuerpo guardé cada rima soñada.
Palpé sus mejillas en la azotea del cielo
con cada uno de mis deseos.
Escondí en sus ojos ilusiones de sueño.
Abrí su canción con la metáfora de su cabello
en la orilla del tiempo con mis aspas sin viento.
Sus latidos los apreté con ojos de poeta.
Acaricié tibiamente la nación de sus labios
en la era del silencio domado con suspiros alocados.
Hoy la recuerdo, en esta ciudad
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