viernes, 15 de enero de 2010

Seis.

Amarrada a mi barco

eres la señal de mí huir.

Con tu escarceo

y tu nocturno vaivén

escribes la invasión

de tu sereno oleaje en mi.

Con tu traje de océano

vas guiando la adorada fragancia

de mi alma enamorada.

Encadenada al milenario secreto del espíritu

vas creando la invasión del sentir.

Tu piel de aguamarina

atrapa siendo un enorme abismo.

Se lleva mis eternas súplicas.

¿Adónde huir?

Naufragaré en tu orilla

para vivir de tu pecho abierto

de leche y espanto de vivir.

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