Amarrada a mi barco
eres la señal de mí huir.
Con tu escarceo
y tu nocturno vaivén
escribes la invasión
de tu sereno oleaje en mi.
Con tu traje de océano
vas guiando la adorada fragancia
de mi alma enamorada.
Encadenada al milenario secreto del espíritu
vas creando la invasión del sentir.
Tu piel de aguamarina
atrapa siendo un enorme abismo.
Se lleva mis eternas súplicas.
¿Adónde huir?
Naufragaré en tu orilla
para vivir de tu pecho abierto
de leche y espanto de vivir.
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