miércoles, 17 de febrero de 2010

Cinco.

Antes de irse
él cerró un verso con una lágrima amarilla.
Acarició el lado oscuro de su estelar presencia.
Miro de soslayo las gotas de lluvia
que lentamente caían sobre mí.
Recordó su tierna figura.
Eclipsó sus latidos sobre su espejo azul sombrío.
La sonrisa del escorpión escapó
hacia el desierto de la palabra dormida.
Recordó sus tibias caricias.

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