Tengo un para rayos sobre la cabeza.
Aquieto las nubes de esta tormenta
con una extraña forma de silencio.
Al viajar mi sombra por estos senderos
se complace la vereda y el esqueleto.
El espanto va ocultando los dientes.
Ya no sirve comprender la leche.
La sonrisa se acrecienta lentamente.
La noche, como un escorpión
va envenenando poco a poco la cabeza.
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