miércoles, 17 de febrero de 2010

Siete.

Me dieron el poder
y la pobreza me invadió.
Lentamente mis pestañas fueron cayendo.
Me retiré a vivir a un eclipse.
El sonido del viento acompañó mis días.
Las olas del mar recibieron lo lamentado.
Con una guitarra muerta
compuse aciagas canciones del destino.
Sobre la arena de una playa soleada.
Se quedó mi sombra enamorada.

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