domingo, 25 de abril de 2010

Cinco.

El cielo apagó la luz en tus ojos.
La noche se robó mi sombra.
No alcancé abrasarte.
No pudiste seguir amándome.
No hubo estrella que seguir.
Las canciones se diluyeron en el tiempo.
Tu corazón no guardaba mis latidos.
Mis latidos se transformaron en arena.
Mi corazón de poeta se volvió de piedra.
Tú. Musa mía, princesa mía te hiciste solo niebla.

No hay comentarios.: