miércoles, 2 de junio de 2010

Veintiocho.

Tu cuerpo es un poema incandescente.
Tu cabello es un anónimo cordel
que pende desde el cielo.
Mis manos transformadas en artistas
intentan esconder en tu belleza
las estrellas que me gritan.
Te pienso mía y estallo en locuras.
Se dispara el tiempo.
Cae el último grano de arena.
Un beso de fuego cierra mis labios.
Te vas con la noche murmurando
tu canción de estrella viajera.

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