martes, 10 de marzo de 2009

Noveno Lamento

Se ennegrecen los latidos
abandonados como manos frías
en una distancia tan perpetua.
El rostro de la lluvia
permanece encendida en el cielo.
Son alfileres transparentes que atraviesan la carne…
Tristes campanadas golpean.
La sonrisa asesina huye
a través de la muchedumbre.
¿Oyes mi alma separar
el último grito de muerte de la lluvia?
Dejo huellas vacías.
El sendero de austeridad consciente
se traga mis tristes rastros.

Se oscurece la mirada.
Se juntan las manos.
Se apaga el corazón.

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