viernes, 24 de abril de 2009

Rostro

Acaricié su rostro.
Miró mis manos y vi en sus ojos mi alma.
No le hablé.
No quise.
Ella miraba las estrellas de una noche quieta.
No quise abrazarla.
No quise.
Supo entonces que la amaba.
Supo entonces que mi corazón latía sólo por ella.
Atrapé sus pupilas dulces con mis ojos
de ladrón de pensamientos.
Se quedó callada pero seguía prendida en las estrellas.
Ella susurró algo y pronto todo, todo adquirió música.
Ella buscó su nombre por todo el infinito.
No supo el lugar que ocupaba.
No supo entonces.
No lo sabía.
La abrasé con fuego y delirios.
Le hablé con ternuras:
El lugar que ocupa tu nombre está aquí
en cada latido de mi corazón.
Supo entonces que se quedaría conmigo.
Supo entonces que me quería.
Acaricié su rostro.
Sus manos se perdieron en el mío.
Un beso iluminó nuestra unión.
Todo se transformó en verso.

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