Te encontré triste, mi pequeña niña,
ataviada por negros dulzores
en
Al fondo de ti, todo era
de azules razones.
Mis ojos miraban todo.
Mis ojos, llenos de todo.
El amor, las palabras
querían librar tu cuerpo.
Te encontré melancólica
como un pajarito
con las alas rotas
disfrazada de dolor
en
Al fondo de ti
mis lágrimas no llegaban.
Mis manos te alzaron.
Dejaste libre un latido.
Miramos juntos
nuevos aires de deseos
que cubrían las cosas.
Sobre una desolada cornisa
frente al mar y la desesperanza
te dije, mi pequeña:
“Siempre hay un trozo de luz
al final del horizonte”
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