Bajo un portal de dolores
vestido de suspiros
voy pegado a mi muerte.
Mi vida la llevo a cuesta.
Mi epitafio se escribe solo.
Muere la poesía.
Aparece mi atardecer.
Mi sol no volverá.
Ella con su nombre lunar
la despiden por mi las estrellas.
Sus palabras evocaban
las letras de mi inspiración.
Ella con sus ojos de ángel
construía mis delirios.
Ángeles lloran largamente
la melancólica muerte.
Oscurece mi edad.
Este es el desfallecer de mis días.
Caigo junto a mi último suspiro.
Mi ciudad mira con sus noches.
Muero con un extraño nombre...
José Irabarra.
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