Desde ahí
se veía toda.
Era un océano de tiempos.
Mi canción nació con su extraño arte.
Desde ahí
su alma apretaba los sueños.
Era mi ciudad.
Yo era su poeta invisible.
Desde ahí
el rostro de ella
desafiaba el recuerdo.
Ecos de gente
desgastan con desdeño
las figuras sin tiempo.
Desde ahí
suelto el aire.
Latidos azules
rompen las paredes del recuerdo.
Llevo en mi alma
su corazón indivisible.
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