domingo, 2 de agosto de 2009

Poema dos:

Desde ahí

se veía toda.

Era un océano de tiempos.

Mi canción nació con su extraño arte.

Desde ahí

su alma apretaba los sueños.

Era mi ciudad.

Yo era su poeta invisible.

Desde ahí

el rostro de ella

desafiaba el recuerdo.

Ecos de gente

desgastan con desdeño

las figuras sin tiempo.

Desde ahí

suelto el aire.

Latidos azules

rompen las paredes del recuerdo.

Llevo en mi alma

su corazón indivisible.

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