Ven acerca tu rostro a esta hoja.
Siente mi verso acariciar tus pupilas tímidas.
No digas nada…
Hoy te siento anudada a mi alma viajera.
El infinito se traga la humedad de tu olvido.
Una música de colores suelta redes para atraparte.
Robas mi verso lleno de dolor.
Y una música llamada soledad empieza su eterno vibrar.
Pequeña musa mis dedos desbordan lágrimas por ti.
Gritan las calles de mi ciudad invisible cuando escribo
el último verso que te dedicaré.
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