miércoles, 6 de enero de 2010

Dos.

Estás callada

en las nubes de este tímido cielo.

Mi voz va buscando tus mejillas

con un secreto de espadas.

Húmeda y fría

estás en esta noche

en que queda el rocío de las melodías.

Tu eterno semblante

aquieta las sombras

que derramadas en tibias llanuras

no miran dónde estás.

¡Ah! ¿Cómo serán los arco-iris

que adornan los contornos de tu ombligo?

Despiertan mis manos

en este deseo prohibido.

Quiero apretarte con estrellas.

Hacerte mía junto con la noche.

La luna de plata

colorea tu espalda alada.

Quiero que tus labios

aprieten mis labios

para así poder enterrar

a profecía de mi alma oscura

en tu alma de cristal

y en tus lágrimas sin agonía.

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