sábado, 30 de enero de 2010

Seis.

Desde tus historias y las mías que se hablan

ruedan nuestras manos sobre el ocaso.

Sombras crecen.

La locura corre libre.

Se llevan nuestros corazones.

Miro tu sonrisa palpitar sobre mis labios.

Nado sobre mares de fantasías

buscando refugiar a un minúsculo amante.

Al sentir de tus poros me condeno.

Soy el prisionero de tu cuerpo

y acallo los lamentos que se desprenden de mi.

Desde tu silencio esparcido en el mío

tus ojos estallan dentro de los míos.

Te observo de nuevo

y sólo un poema quiere hablar de mis labios:

“Que mi sombra no duerme sin ti”

Te entrego mi existencia.

Atrapo con mi red las últimas estrellas

que viajan por tu cuerpo y cerca de tu sol quemante.

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