Tus ojos no tocan mis manos que no miran.
Veo en el amanecer un sol vestido de rojo
y en mi crecer entristezco y muero en el reposo.
En mi fría luna cruzan lágrimas pálidas
con un profundo latido.
En tu alma aurora silenciosa y olvidada
cae ternura desde tu pecho cubierto de espinos.
Tus labios no roban mi cuerpo que no canta.
Hoy tus cristales gritan
y en mí querida mía no confían.
A lo lejos suelen dormir mis ojos de olvido.
En las piedras se quebrantan mis sueños
bajo el crepúsculo de algún día.
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