sábado, 30 de enero de 2010

Uno.

Tus ojos no tocan mis manos que no miran.

Veo en el amanecer un sol vestido de rojo

y en mi crecer entristezco y muero en el reposo.

En mi fría luna cruzan lágrimas pálidas

con un profundo latido.

En tu alma aurora silenciosa y olvidada

cae ternura desde tu pecho cubierto de espinos.

Tus labios no roban mi cuerpo que no canta.

Hoy tus cristales gritan

y en mí querida mía no confían.

A lo lejos suelen dormir mis ojos de olvido.

En las piedras se quebrantan mis sueños

bajo el crepúsculo de algún día.

No hay comentarios.: