Voy escuchando el florecer de tus lágrimas
en la austeridad de los labios finos.
Recojo tus pequeñas piezas…
Mi fe llora a la fábula desencantada
y por ti mujer de alma lírica y desnuda.
Mi fe se quiebra en la mirada de la melancolía.
Voy desgarrándome en tus malezas
hasta morir bajo la luz de tu sombra.
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