Me quedé sentado en un eclipse.
Al atardecer…
Mirando como nacían estrellas nuevas.
Al fondo de la bóveda espacial
la magia de los satélites
jugaban libres como volantines.
Encumbrados por mágicos deseos.
Al parpadear lentamente
el telón oscuro cubrió el infinito.
Así dulcemente empezó… mi canción.
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