Ayer.
Te encontré sentada
en un extremo del pensamiento.
Estabas hablando de atardeceres dulces
de viejas pesadillas.
Te vi.
Tu sonrisa era profunda.
Tus ojos estallaban en galaxias.
Comentabas si era preciso hablar del deseo
y el desamor.
Te vi.
Tu traje era de silencios.
Tus manos suaves eran de algodón perfecto.
Una caricia de colores rompió la imaginación.
Ayer.
Te encontré sentada...
En el otro extremo estaba yo.
Terminando así.
Lleno de ti hasta el corazón.
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