La carta sobre la mesa.
Hoy desayuna conmigo
el sufrimiento.
La corona de madera
permanece enredada
entre la locura y la razón.
La sangre permanece muda
sobre el suelo.
El revólver en lo alto
desafía el aire de la habitación.
Llaman a la puerta.
No pretendo abrir.
No quiero contestar al dolor.
La mortecina luz
va agrietando mi rostro.
En la calle tú sombra
va matando el paisaje.
En la calle tu cuerpo
permanece sobre la nostálgica vereda.
La carta abierta
persiste quieta sobre la mesa.
Como un golpe
de realidad profunda
aparenta ser
un arma recién disparada.
La traición
se hace fuego en las comisuras.
La corona de madera
se enreda más
entre la locura y la razón.
El sol empieza su andar
arranca las últimas lágrimas
que están suspendidas en mi cielo…
Llaman a la puerta.
No quiero abrir.
No quiero insultar al día.
Los días se van apagando.
En la calle comienzan
a vagar las almas…
Se rompe la corona de madera.
Siento dolor en lo profundo.
Lloran las estatuas que están
en la avenida del pensamiento.
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