miércoles, 14 de enero de 2009

El Poema de Fernando

El amuleto cuelga del cuello.
El agua parece jugar en la bola de cristal.
El reloj detiene su marcha.
El calor de quien acompaño
me ciega desde el centro.
El sabor de sus palabras
me embrujan desde el centro.
Caigo. Una gota de sangre corre libre.
Caigo. Mi sangre se graba en la tierra.
Callo. Tiemblan mis pupilas de solo pensar.
Caemos. Al silencio nos unimos.

El amuleto brilla desde el cuello.
La noche se va tragando la tierra.
La humedad del bosque va congelando el espíritu.
La muerte sentada al otro lado frota sus manos.
Lejos, la ciudad parece llorar.
Huyen solitarios los latidos.
Galopa raudo el miedo desde dentro.
Una voz desde el círculo recita:
“Uno a uno…
Serán largas las noches del destino.
Será angustioso el camino de la soledad.
Dejaremos los sentimientos.
Nos desharemos de nuestros cuerpos.
Olvidaremos las palabras.
El amor. El calor. 

Uno a uno…
Será tenue la luz
en la morada de las almas pasajeras.
A la invocación del noveno día de cien lunas
tornaremos el rumbo y regresaremos.”

El amuleto quema.
Sin dolor se desprenden las manos.
Caemos. Al silencio nos unimos

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