De rodillas, acompañándola
lloré inconsolable su cuerpo mal situado.
Sucias huellas derramadas desaparecieron
poco a poco de la azul calle dormida.
De rodillas, acompañándola
busqué hacia donde huyó el cristal de su alma.
Sus latidos no hablaban.
No dijeron quién ultimó su cuerpo en la noche helada.
De rodillas, acompañándola
caí en profusa depresión.
Espectros aguardaron desde el otro lado.
La luna no paraba de cantar su melodía inquieta.
Lejos gimieron las estrellas.
De rodillas, acompañándola
perdí la brújula de mi vida.
No escuche más su corazón.
Se ha ido.
De rodillas.
No hay quien me consuele.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario