Ella pensó que estaba tan sola
que una triste lágrima rodó por su rostro.
Se miró al espejo.
Acarició con suavidad su largo cabello.
Lentamente en su alma un triste verso de oscuridad
vino a nacer en su fe.
Temblaba.
Lloraba.
El frío vino a buscar los oscuros rincones de su interior.
Siguió mancillada mirando la soledad.
El vacío arremetía con fuerza en sus cristalinos contornos
que no tuvo fuerzas para detener la prosa doliente
que de sus pupilas huía.
Ella sólo pensó…
Sus manos tocaron el espejo.
Un mísero verso rasgó su rostro.
El dolor creció por culpa de un amor infiel.
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