Pequeño fragmento de mi alma.
Diminuta luz encendida.
Así eres, hijo mío.
A ti te nombraron otros.
No es mía la culpa de tu destino.
No ha sido mía
la mano que golpeo con cruel miseria
con que te precipitaron a este desierto de mi.
Pequeño poema de mis ojos y sentidos.
Minúsculo murmullo de mis secretos.
En tu rostro se leen mis alegrías.
En tus manos juegan mis fabulas.
En tus latidos está escondida mi imagen.
Así eres, hijo mío.
A ti te alejan otras manos.
No creas que el viento será tu enemigo.
No creas que el mar será un fiel testigo.
No le creas a la luna cuando mire tus ojos
y diga que tu padre solo fue una pesadilla pasajera.
No creas.
1 comentario:
Publicar un comentario