De vuelta a tus brazos en un pensamiento.
Razón contrapuesta de mí alma y vida.
Te digo lo feliz que era.
Jugué sobre tus pechos como un niño perdido.
Mis dedos incendiados se colaron en tus labios.
Entre abierta la puerta dejaste al cazador
atrapar la naturaleza con los dientes.
Sin aviso.
Sólo dejándote querer.
Amo desde ese momento tus ojos.
Amo desde entonces tu corazón.
Eras aún un verso escondido.
Era aún un poeta en ciernes.
Atropellé la sintaxis de tus caderas.
Me serví la metáfora de tu singular cabellera.
Eras aún manceba criatura.
Era aún joven sin patria.
Contemplé millones de veces tus piernas desnudas.
Me bebí desesperado tu futuro sin remediar presente.
Eres aún lo que he perdido.
Soy aún el corazón degollado
a la orilla de una métrica arruinada.
Tú eras de un color.
No conocido.
Tú eras de un color de musa.
En tus ojos llevabas aquel color.
Te lo quité un día ya perdido.
Con un roce te lo robé bajo el árbol de silencios.
Con ese color observé calmo el futuro.
Sentí vacío.
Con ese color miré el mundo navegar hacia lo incierto.
Miedo dentro.
Tú eras de un color...
En el tú tenías música y poesía.
Tú tenías virgen el verso y tus labios de niña.
Puse mi joven esqueleto al servicio de tu olvido.
Puse mis letras al servicio de mi locura.
A ti te envolvieron el rostro otros fantasmas.
Después de ti navegué sobre mares de inconciencia.
Después de los golpes desfallecí.
Tragué durante años la rabia.
No volví a amar.
Me fui al silencio.
Viví en una estrella.
Sentado sobre una golondrina muerta
dejé de escribir de tu color y tu fantasía.
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