¿No escuchas correr mis lágrimas
siendo ríos centenarios?
Vastedades ensordecen tus oídos.
Ángeles eléctricos surten sus melodías.
¿No escuchas mi sombra huir entre la niebla?
Un beso incauto mató al poeta romancero.
Llevaba pálido el rostro porque su musa
le arrancó el amor y lo dejó abandonado y vacío.
¿Escuchas mi palabra lejana?
Una lágrima te grita.
Tú desde entonces olvido.
Yo desde entonces un poeta vacío
que duerme en sombras con el corazón herido.
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