sábado, 13 de marzo de 2010

La Carta, la sangre y la furia.

La carta sobre la mesa.
Hoy desayuna conmigo el sufrimiento.
La corona de madera permanece enredada
entre la locura y la razón.
La sangre permanece muda sobre el suelo.
El puñal en lo alto desafía el aire de la habitación.
Llaman a la puerta.
No pretendo abrir.
No pretendo contestar al dolor con más dolor.
La tenue luz mortifica mi rostro.
En la calle tu sombra va matando el paisaje.
En la calle tu sombra está sobre la vereda del olvido.

La carta abierta persiste quieta sobre la mesa.
Como un golpe de realidad profunda
aparenta ser un arma recién disparada.
La traición se hace fuego en las comisuras.
La corona de madera se enreda más entre la locura y la razón.
El sol que empieza su andar
y arranca las últimas lágrimas
que están suspendidas en mi cielo…
Llaman a la puerta.
No pretendo abrir.
No pretendo insultar las palabras.
Los ojos se van apagando.
En la calle comienzan a vagar las almas en penas.
Se rompe la corona de madera.
Siento el dolor en lo profundo.
Lloran las estatuas de las avenidas.

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