La imagen de una playa
golpeó lo más profundo de lo etéreo.
El sueño se hizo imagen en lo consciente.
No había recuerdos.
No había poemas que lo explicaran todo.
Una ola acarició sutilmente los pies.
El horizonte temprano se volvió música.
Las notas de una canción
como gotas de niebla
empezaron a sucederme.
Dentro de todo, sin entender
apareció un viejo barco.
Solitario y sin tripulantes.
Surcando un océano de poemas inconclusos.
Sin previo aviso aparecí en medio de este.
Fui dueño de la madera y el instante.
Fui navegante de un viejo roble sin destino.
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