Para escribir sobre un sueño
empecé a recordar
lo simple que es
la forma de tus labios.
Para escribir sobre un latido
empecé a recordar
mi mano sobre la tuya;
tu cuerpo junto al mío
en el bullicio de las calles.
Para recitar sobre un cielo estrellado
empecé a divagar
lentamente en tus silencios.
Tu mirada
escapaba tras una sonrisa.
Tus pupilas
venían a buscarme.
Para recitar sobre las caricias
necesité alcanzar nubes,
adueñarme de ellas.
Luego te las di
sin razón.
Para esculpir imágenes brillantes
le demostré al sol
que todavía lo conocía
y que podía hacerle frente.
Aún sigo siendo noche
pero bien sabes
que puedo volver al día
para quedarme a tu lado y sin alas.
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