En un inmenso arcoíris
sólo tu color
me resultó familiar.
Tan llamativo y atrayente
como un eterno pulsar.
Mi pupilas
se colocaron
al servicio de tu color.
Mis manos
artísticas y señoriales
dedicaron
sus ansias a tu calor.
Mi poesía
que era oscura
empezó a llenarse
de vida y amor.
Y tú sin saber de mí…
Y tú sin pensar en mí…
Seguías siendo
el color favorito
de otro corazón.
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